BOLETÍN ENERO-FEBRERO-MARZO 2008

TITULARES

  1. Fallecen D. Sebastián Gaya, Consiliario perpetuo de los Cursillos de Cristiandad y Don Eduardo Bonnin, Presidente de los Jóvenes de Acción Católica. VER +

  2. CIENCIA Y FE: RELACIONES DE COMPLEMENTARIEDAD, Entrevista con Manuel Mª Carreira, S.J. VER +

  3. CURIOSIDADES MATEMÁTICAS. Probabilidad de que dos personas de un grupo cumplan años el mismo día. VER +

  4. NOVEDAD EDITORIAL. En la encrucijada mundial: Petrogrado 1917.Madrid 1936.Berlin 1989. VER +

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 Fallecen D. Sebastián Gaya, Consiliario perpetuo de los Cursillos de Cristiandad y Don Eduardo Bonnin, Presidente de los Jóvenes de Acción Católica.

Con pocas semanas de diferencia han muerto, en su Mallorca natal, D. Sebastián Gaya "Consiliario perpetuo" por aclamación de los Cursillos de Cristiandad, y D. Eduardo Bonnin, Presidente de los Jóvenes de Acción Católica y Rector del Primer cursillo celebrado en la isla en 1948.

Quizá muchos no lo sepan, pero aquel movimiento apostólico juvenil nacido en la resaca de la Segunda Guerra Mundial se extendió por el mundo en pocos años y hoy son mas de diez millones los hombres y mujeres, jóvenes y mayores, que han hecho Cursillos de Cristiandad. En ellos, nacidos al calor del Año Santo de Santiago de Compostela de 1948, aprendieron aquello tar hermoso de que:

"Peregrinar es caminar con Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, en compañía de María, llevando consigo a los hermanos..."

Ciencia y Cultura se honra en haber propiciado la publicación del libro "Cursillos de Cristiandad: Orígenes y primera expansión" (EDICEP / Ciencia y Cultura, Madrid 2006) cuyo autor es Julio A. Gonzalo, Cursillista de Puerto Rico 1962 y Presidente de la Asociación Española Ciencia y Cultura. Versiones en Inglés y Portugués del libro estarán próximamente a la venta.

 

CIENCIA Y FE: RELACIONES DE COMPLEMENTARIEDAD.
Entrevista Manuel Mª Carreira, S.J.

En mis actividades académicas, en universidades y centros culturales de muchos países, se me ha preguntado: “Como sacerdote, ¿no encuentra dificultad en reconciliar su Fe con la Ciencia? ¿No hay un conflicto?”

Se ha escrito mucho sobre el tema, pero puede tratarse de una forma clara y concisa para dar una visión que enriquece nuestra actividad intelectual y nuestra experiencia humana.

Ciencia y Fe: ¿qué son?

Ambas constituyen una respuesta parcial a nuestra necesidad de conocer. La Ciencia busca conocer el mundo de la materia en todos sus niveles para entender su estructura, su actividad y evolución. Comienza con la interacción de este mundo con nuestros sentidos, y se desarrolla con la ayuda de instrumentos, siempre más perfectos. Sus datos se analizan para encontrar relaciones que se expresan como “leyes de la Naturaleza” mediante las cuales se puede predecir el desarrollo futuro de un sistema material e inferir su estado previo. En todos esos casos se acepta la realidad de un mundo objetivo, con parámetros y actividades que no dependen de mis preferencias o condicionamientos culturales. Se proponen explicaciones que tienen que someterse a prueba en nuevas observaciones o experimentos. La verdad científica –la representación correcta del mundo material- tiene como criterio final la verificación experimental de las consecuencias lógicas de nuestras teorías.

Este es el significado actual de la palabra “Ciencia”. Lo que por su misma naturaleza no puede comprobarse con un experimento que da lugar a una medida, no pertenece al ámbito de la Ciencia, aunque sea una parte obvia de la realidad. El Arte, la Ética, las relaciones humanas, no pueden expresarse con una ecuación. Incluso la Matemática pura es independiente de cualquier referencia a la materia concreta: como la Poesía o la Filosofía, es una construcción lógica que solamente se apoya sobre un razonamiento correcto.

La Fe, sea en materias de religión o en un tribunal humano, es un conocimiento obtenido por el testimonio de testigos “dignos de fe”, dignos de crédito, y no por propia experiencia o raciocinio. Decir que “creer” significa aceptar algo sin razones que lo justifiquen es absurdo: tal proceder sería irracional en cualquier campo. La fe humana, que se apoya en el testimonio de personas sabias y veraces, es la fuente de casi todo lo que conocemos. Nos da certeza aun en contra del testimonio de nuestros sentidos y en cosas que no comprendemos: todos aceptamos la teoría atómica que nos dice que lo que parece sólido es casi todo vacío, y se usa la Mecánica Cuántica que va totalmente contra nuestro sentido común.

Todo lo que sabemos de Historia se basa en el testimonio de generaciones previas. Ningún experimento nos puede decir cuándo se descubrió América o quién pintó la Capilla Sixtina. Ni puede un cálculo matemático establecer el significado de una ley civil ni el autor del Quijote. Es la aceptación de testimonio lo que permite el desarrollo cultural: los animales mantienen el mismo tipo de actividad durante millones de años porque no transmiten conocimiento. Su modo de proceder es el resultado de programación genética o experiencia individual.

La Fe religiosa –que no es lo mismo que el esfuerzo filosófico por entender nuestra relación con Dios- descansa sobre el testimonio de los que tuvieron el privilegio de recibir una revelación sobrenatural. Concretamente, el Cristianismo se basa en el testimonio histórico de quienes vivieron con Cristo, oyeron sus enseñanzas, vieron sus milagros, llegaron a la conclusión cierta de que Él era Dios y Hombre, y consagraron sus vidas a proclamar su mensaje. Su veracidad se demuestra por su fidelidad hasta la muerte, contra todas las persecuciones, sostenida por su experiencia de la muerte y resurrección de Cristo mismo. Esta fe se transmite –siempre sin cambios- con una certeza que se apoya en la Sabiduría infinita de Dios, el único que puede garantizar que ese conocimiento acerca de Dios y nuestro destino se transmita sin deformaciones a pesar de las limitaciones humanas.

Como la Ciencia trata solamente de las propiedades y la actividad de la materia, mientras que la Fe religiosa trata de Dios y del destino y dignidad del Hombre, un conflicto entre ambos modos de conocer es imposible. La Ciencia no responderá a preguntas que no pueden someterse a comprobación experimental, como si Dios existe o no, o qué es el espíritu humano, ni si hay existencia tras la muerte. Tampoco podrá ningún argumento teológico decirnos cuáles son las fuerzas de la naturaleza o el estado primitivo del Universo ni los mecanismos del proceso evolutivo. La Revelación se nos da para establecer nuestra relación con Dios, no para sustituir a nuestro esfuerzo por conocer y controlar el entorno material.

¿Un diálogo enriquecedor?

Si Ciencia y Fe son modos parciales de conocer una realidad siempre más amplia que lo que cada método aislado presenta, el tener varios puntos de vista puede hacer a la Ciencia más humana y a la Fe más madura. El aceptar que Dios es la fuente original de toda existencia, la única razón suficiente del Universo y sus propiedades, infinito Poder, Conocimiento y Amor que da el ser a cada uno de nosotros, nos lleva a apreciar las maravillas de su obra y a reverenciar al Creador en cada átomo y cada estrella. Más aún cuando sabemos que nuestra dignidad es tal que somos “imagen y semejanza” de Dios, y que Él se hizo “Hijo del Hombre” elevando nuestra naturaleza al trono de la divinidad.

Cada persona tiene este rango superior a todas las estructuras materiales y todos los niveles de vida no-inteligente. Ninguna sociedad ni poder político puede legítimamente privar ni al más humilde ser humano de la gloria y dignidad que Dios ha dado a cada uno. Al mismo tiempo nos reconocemos como encargados de desarrollar a la creación, usando los regalos de Dios para el bien de todos, en una actitud de responsabilidad y no de dominio egoísta y despótico.

Si la Fe enriquece así a la Ciencia, el diálogo es también positivo para la Teología, “el esfuerzo de la Fe por comprender”. El Dios que adoramos no es un superhombre caprichoso que se encuentra en la violencia de una tormenta o en un orden artificial de los planetas. Sea en las partículas elementales o en la inmensidad de los espacios vacíos, encontramos la profundidad infinita de sabiduría y poder que es el origen de tantas maravillas. Encontramos a Dios en todas sus criaturas y nos alegramos con cada nuevo descubrimiento de ese plan que lleva desde el remoto comienzo de la Gran Explosión hasta Cristo, y luego aun al triunfo de la materia sobre la muerte y la falta de sentido de una destrucción final.

¿Qué nos dice la Biblia?

Los mitos primitivos expresaban en forma poética los puntos de vista, propios de una cultura, que daban sentido a la existencia y a las relaciones con otras cosas, visibles o invisibles. Así todas las religiones incluían un relato de orígenes humanos, casi siempre atribuidos a una intervención divina.

La Biblia no es un libro de texto de ninguna ciencia: es la expresión de una conciencia religiosa, que usa lenguaje humano y formas poéticas para enseñar las verdades fundamentales de nuestra dependencia de Dios, nuestra dignidad y nuestros deberes hacia el Creador y hacia los demás. Esta es su única finalidad, y se alcanza presentando verdades abstractas en el lenguaje poético de la gente sencilla.

El problema físico del origen del Universo no se responde directamente en el libro del Génesis: su idea central es el subrayar que Dios no es parte del mundo de la materia ni está su existencia condicionada por la actividad material. Con un simple acto de su voluntad, por su Palabra omnipotente, vienen a la existencia todas las cosas y encajan en sus planes sin resistencia alguna. El mundo se prepara para ser morada del Hombre, y Dios crea a la humanidad con el cuidado y el cariño de un Padre. Si somos parte del mundo animal por nuestra biología, como seres racionales le damos su máximo nivel de dignidad y de destino a una vida eterna. Solamente una rebeldía que niega nuestra condición de criaturas nos somete a la muerte, pero hay una promesa generosa de salvación que se va perfilando en el anuncio del Mesías.

Esta enseñanza es perfectamente compatible con lo que la Ciencia propone, pero no depende de teorías científicas. Ni la Gran Explosión ni otras teorías de evolución cósmica pueden cambiar el hecho de que no nos damos la existencia a nosotros mismos, ni puede ser la materia la que explica todo lo que somos. Las cuatro fuerzas que la Ciencia reconoce en la naturaleza son incapaces de explicar la consciencia, el pensamiento abstracto, la voluntad libre. La evolución biológica será el mecanismo de transmisión hereditaria de estructuras –órganos- o modos instintivos de proceder, pero no puede explicar cultura, arte, filosofía, ni la misma ciencia. Y el sentido final del Universo y de la vida humana termina siendo un misterio o un absurdo en el contexto de una evolución futura, a no ser que se acepte una realidad –el espíritu humano- que puede sobrevivir a la destrucción de todas las estructuras materiales predicha por la Ciencia.

Solamente dentro del marco de la revelación bíblica y cristiana tiene sentido el Universo, desde su origen en la voluntad omnipotente de Dios hasta el triunfo final sobre la muerte y la desintegración cósmica, una victoria realizada ya en la resurrección de Cristo y prometida a cuantos aceptan y siguen el plan de Dios. Ningún razonamiento físico puede predecir o explicar esa transformación maravillosa. Pero si no podemos entender realmente ni una partícula atómica, no debe sorprendernos que Dios nos resulte incomprensible, y que solamente por la luz de la Fe podamos conseguir una síntesis satisfactoria que muestra a toda la creación procediendo de Dios y dirigiéndose hacia Él.

No, no tengo ningún problema siendo un científico y un sacerdote creyente. Doy gracias a Dios por el regalo de la Revelación y la Fe, y le agradezco también la alegría y felicidad que siento cuando estudio sus obras y veo en cada una de ellas un reflejo de su gloria.

Manuel Mª Carreira es Doctor en Astrofísica – Observatorio Vaticano

Curiosidad matemática. Probabilidad de que dos personas de un grupo cumplan años el mismo día. Por Julio A. Gonzalo.

Se pregunta cuántas personas debe tener un grupo familiar o de amigos para que exista una probabilidad razonablemente alta de que al menos dos de ellas cumplan años el mismo día.

¿Usted qué opina? Serán diez, cien, mil...

¡Vamos a verlo!

 

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NOVEDAD EDITORIAL.

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En la encrucijada mundial:

Petrogrado 1917 - Madrid 1936 - Berlin 1989

Julio A. Gonzalo

"No es meramente un conflicto de fuerza bruta, como en los días de las invasiones turcas, es una batalla de voluntades y de convicciones, y en España, que ha sido siempre la plaza fuerte de la Europa Cristiana y la que aguantó la embestida de la batalla con el Islam en el pasado, donde se está librando hoy la batalla con el nuevo enemigo de la Cristiandad. Puede ser que la suerte de la lucha en España decida el destino futuro de Europa. La victoria del Comunismo en España sería una victoria para el Comunismo en el sentido más peligroso, porque no sería una victoria frente al capitalismo, que es relativamente poco importante en España, sino una victoria sobre el Catolicismo, que es la raíz verdadera de la tradición española… Si España de nuevo pudiera encontrarse a sí misma, después de ese tremendo siglo de desuniones y debilidades - si ella pudiera ocupar de nuevo el lugar al que le dan derecho su historia y su genio entonces sería una victoria no sólo para España sino para Europa. Volvería a traer a la sociedad europea un elemento esencial sin el cuál la civilización europea se ha convertido en parcial e incompleta."

Christopher Dawson (1.936)

Citado por Christina Scout, A Historian and His World.

 


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